No se nace mujer, se llega a serlo…


Te veo verme, te veo verme y no conocerme. Te acostumbraste a mis errores, a mis fallas y ausencias. Te quedaste con la vieja yo, te fascinaste con ella. Te quedaste con la que no se defendía, la que prefería callar por miedo a sus errores antiguos. Te enamoraste tanto de la que se equivocaba una y otra vez que para defenderse bajaba la cabeza, que ahora te asusta esta fuerza.

Te tengo nuevas noticias, esa mujer que cometió todos esos errores aquí esta, siempre conmigo, recordándome que debo ser cada vez mas fuerte y mas consciente cada día de la fuerza que un error te da. Esa mujer que se avergonzaba de sus metidas de pata aquí sigue, viva, ansiosa y orgullosa de vivir como madre y como mujer. Esa mujer que te avergonzaba aquí esta, dentro de mi, avergonzada de vos por creerte  mejor madre que yo, por pensarte intachable.

Esta mujer que soy ahora aprendió a cantar con sus errores, a encontrar la música de cada falla para poder bailar mejor en esta vida. Esta mujer que esta aquí ahora saber vivir y sacar lo positivo de cada “mala experiencia”. Esta que está aquí prefiere no conocerte, no saberte mujer, no mirarte amiga, no sentirte hermana.

La experiencia me implora que te perdone, que entienda que te falta mucho por vivir, me pide que me defienda con dignidad pero también me ruega verte como una batalla poco merecedora de mi tiempo. Por eso hoy te escribo y no te nombro para sacarte de mi y dejarme libre de ti. La vida te traerá a mi el día que seas madre y entendás lo que es ser mujer de verdad.

Marzo, 28 de 2016.